viernes 1 de mayo de 2009

Vivir en México - Sergio Aguayo

Artículo de opinión del diario EL PAÍS

TRIBUNA: SERGIO AGUAYO
Vivir en México
La crisis sanitaria que vive el país se inserta en una situación de inseguridad galopante. Los mexicanos necesitan un Estado fuerte que los defienda. Hoy cada cual tiene que luchar por su supervivencia

Mientras la Organización Mundial de la Salud elevaba la alerta mundial por la fiebre porcina que surgió en México, ocho policías eran ejecutados en Tijuana. En otras palabras, la emergencia sanitaria no ahuyenta la inseguridad que carcome esa visión color de rosa con la cual algunos describen la gestión del presidente Felipe Calderón.

Para entender lo que sucede en México debe partirse de un hecho: son muy pocas las instituciones gubernamentales eficientes y preocupadas por el interés general. El aparato de seguridad es un desastre del cual sólo se salvan unas fuerzas armadas estiradas al límite de sus capacidades. Y a esa situación han contribuido los errores, ineficiencias y corrupciones de todas las fuerzas políticas, y eso incluye al presidente Calderón y a su partido.

Vivir en México es padecer la incertidumbre de la inseguridad. En la modernidad del siglo XXI es rutinario visitar, a cualquier hora del día y la noche, los cajeros automáticos para obtener efectivo. En México es peligroso hacerlo por un incremento de los asaltos y por la indefensión en que nos encontramos. La capital está dividida en delegaciones, una de las cuales, la Benito Juárez, es gobernada por el derechista Partido Acción Nacional. Uno de sus funcionarios, Jaime Slomianki, hizo la siguiente recomendación: "Por seguridad de los ciudadanos, sería muy conveniente no hacer retiros en efectivo de los bancos. Es mejor pagar la comisión

[que cobran los bancos por hacer los pagos por vía electrónica] que correr riesgos de sacar dinero" (25 de febrero, Reforma). ¿Hace falta agregar algo a tan flagrante capitulación de la obligación del Estado de darnos seguridad?

Atrincherarse en casa tampoco garantiza tranquilidad. Cuando alboreaba abril recibí una llamada telefónica. Con la voz recia de los mexicanos del Norte, alguien se presentó como mi primo Víctor, hijo del finado tío Pancho, quien emigró y murió en Estados Unidos. Entre exclamaciones de alborozo, el primo me anunció su llegada para el siguiente día; venía de Estados Unidos cargado de dólares, quería poner un negocio y necesitaba mi consejo. Me expresó su deseo de hospedarse en casa -"ya tengo la dirección, primo, ahí nos vemos mañana"-. Como la familia es sagrada, hasta me sentí mal cuando le dije que era imposible darle albergue, pero lo compensé poniéndole hora al reencuentro de primos.

Vivir en México exige estar en alerta permanente. En consecuencia, me comuniqué con la tía Lola, quien desposó un veterano de guerra americano hace medio siglo y se fue a vivir a California. La tía conoce los ires y venires de los centenares de Quezadas que se hacen la vida en el otro lado. Nadie mejor que ella para esclarecer identidades. Después del obligado relato de tragedias y enfermedades, me dio una triste noticia: el primo Víctor había muerto de diabetes hacía un par de años porque "no se cuidaba nada".

Así pues, o el primo Víctor estaba comunicándose desde el más allá o, lo más probable, estábamos frente a un simulador que preparaba un robo, una estafa o un secuestro. Se inició un larguísimo intercambio de opiniones con mi esposa catalana, la cual inmediatamente recordó otra llamada recibida hace algunos meses en la cual nos informaban, entre insultos y amenazas, que habían secuestrado a nuestro hijo varón. El intento se desinfló porque nuestro descendiente vive en Madrid. En cuanto a la visita del presunto primo Víctor, nos inquietó porque ignorábamos la información que tenía. Desechamos dar aviso a la policía, pese a que el Gobierno federal (conservador) publicita un programa especial contra extorsiones por vía telefónica. Cuando está en juego la seguridad, los mexicanos no llamamos a la policía porque o son cómplices de los delincuentes o son de una ineficiencia sublime.

Sé de lo que hablo. Hace seis meses saquearon el piso donde vivimos en una capital gobernada, desde hace 11 años, por el principal partido de izquierda. Destrozaron a mazazos una puerta blindada, dejaron sembrado el piso del contenido de cajones y armarios y se llevaron lo que quisieron. El procurador capitalino tomó un interés personal en el asunto, y al hogar llegaron oleadas de solícitos peritos y policías. Obtuvieron las huellas digitales de los presuntos responsables, pero hasta ahí llegaron, porque la policía capitalina no está coordinada con el Gobierno central y no tiene acceso a las bases de datos nacionales.

Este tipo de vivencias no son extraordinarias. Forman parte de la existencia en este maravilloso país tan lleno de contrastes y extremos. Después del asalto, nos resignamos a unirnos a los millones de ciudadanos que compensan la incapacidad del Estado reforzando puertas y ventanas, poniendo alarmas e intercambiando anécdotas de impotencia y miedo.

El colapso de las instituciones mexicanas de seguridad tiene muchas causas. Una de las principales es la ineptitud de buena parte de los altos mandos burocráticos. Según un estudio realizado por el organismo Gestión Social y Cooperación (Gesoc), pese a los generosos salarios y privilegios pagados, alrededor del 40% de la alta burocracia federal no está capacitada para ocupar el cargo. La razón es muy simple: quienes gobiernan entregan esos puestos a sus amigos o cómplices. Felipe Calderón ha participado, como presidente, de manera consciente y deliberada en este juego.

El Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) tiene la responsabilidad de coordinar las acciones de los gobiernos federal, estatales y municipales. Ocupa, por tanto, un lugar central en el combate contra la inseguridad y en la guerra contra el narco. Si funcionara el Sistema, la policía capitalina tal vez hubiera podido conocer la identidad de quienes asaltaron mi piso, y seguramente iría mejor el combate al crimen organizado. Desafortunadamente, ha sido una burocracia inútil porque Felipe Calderón nombró como su titular a un tal Roberto Campa Cifrían, quien carecía de experiencia en temas de seguridad. Eso sí, en su larga carrera político-burocrática uno debe reconocerle la gallardía con la cual ha defendido sus ingresos y privilegios como funcionario de alto nivel. Si Calderón lo nombró zar de la seguridad es porque Campa es un protegido de la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo, quien hizo grandes favores al actual presidente durante la polémica elección del 2006. El presidente usó nuestra seguridad para pagar una deuda política.

Campa estuvo en el cargo de 2006 a 2008 y manejó unos 1.000 millones de euros, sin que la seguridad mejorara. Acorralado por la falta de resultados, Calderón se vio forzado a destituirlo en septiembre del 2008, y no fue hasta marzo de 2009 cuando nombró a Jorge Tello Peón como el nuevo titular del SNSP. Finalmente, llegó al cargo un profesional, y a lo mejor y tal vez las fuerzas federales finalmente se coordinan mejor entre sí y con las policías de los otros niveles.

Así pues, ni todas las instituciones funcionan ni el Gobierno de Felipe Calderón es un cruzado enfrentado a la delincuencia. A Calderón le pone obstáculos la oposición, es cierto, pero él toma decisiones que sabotean su gestión. No es un estadista, sino un gobernante débil e incapaz de liberarse de los grilletes impuestos por los poderes fácticos que le ayudaron a ser presidente.

Quienes vivimos en México estamos urgidos de un Estado fuerte que nos defienda. La emergencia sanitaria que padecemos es una anécdota menor si se piensa en que cargamos, como losa gigantesca, a una clase gobernante que, en términos generales, se distingue por su mezquindad y mediocridad. La supervivencia diaria termina dependiendo, en esencia, de cada ciudadano.

Postdata. La amenaza creada por el primo Víctor la resolvimos a la mexicana. En lugar de confrontarlo y encararlo optamos por evadirlo. Dejamos de contestar el teléfono por unos días y se dio por enterado. O al menos eso deseamos creer...

Sergio Aguayo es profesor del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

1 méndigos comentarios:

Anónimo dijo...

Han hablado de pandemia, que se inicio en México, un país subdesarrollado por culpa de los políticos que han hecho de México el perrito faldero de los gringos.

Rarezas de esta "pandemia"

Inicio después que vino el chocorrol de obama, a "ofrecerle" a México apoyo militar, ahora que regrese a los trastornados soldados de irak, pues donde los va a mandar, pues a su patio trasero como siempre.

Han hablado de muchos enfermos, y muertos, por que razón tanto televisa como tv azteca (los asesinos de neuronas), nunca han entrevistado a alguien que se halla "curado" del virus, o entrevistado a un familiar de un fallecido, que por pura lógica, también debería estar enfermo o no?, piensen bien esta parte.

Tengo conocidos en hospitales tanto del imss y del isste en León y San Luis Potosí, y NADIE, NADIE, ha visto un enfermo, cada 15 días se hace un inventario de los antivirales para asegurarse que se tienen al 100%, en la universidad de San Luis Potosí, se adapto la facultad de medicina, para atención de enfermos y tampoco nadie apareció raro no creen??

La UNAM cuenta con un laboratorio biológico nivel 3 de 4, ofreció fabricar, tanto la vacuna, como los antivirales ya que si cuenta y de sobra con las instalaciones y los científicos, para su fabricación, y para variar el gobierno panista hizo caso omiso de este llamado.

Entre la UNAM y el IPN, elaboraron una prueba de detección rápida mas efectiva que las pruebas que tan amablemente nos mandaron los gringos, y tampoco el gobierno fue para acercarse a estas instituciones académicas, mas raro aun.

Científicos han detectado que la cepa H1N1 es una mutación de 3 virus, porcina, aviar y humana (que hubo 0RGI@ o que pex como se fusionaron), el virus aviar NUNCA, ha aparecido en México, y ahora de la nada apareció cosa rara.

El virus H1N1 dicen, dicen las “autoridades”, que la vacuna actual no sirve, yo les preguntaría, si contiene material genético del virus humano, y y la vacuna es para el virus humano digo por lógica una parte del DNA y el RNA, se deberá de reconocer y por ende bloquear no me salgan ahora con que no sirve, no MAMEN.

Nos dijeron las “autoridades”, que la vacuna, todo el proceso de su generación y producción, tomaría mínimo de 6 a 8 meses su elaboración, ahora resulta que ya esta lista la vacuna de manera casi MILAGROSA, pues quien los entiende, o era imposible tenerla esta año y ahora resulta que amenos de 3 meses ya esta lista, no MAMEN.

O será que no quieren que la gente decepcionada del gobierno panista, salga a votar por que saben que votaran en contra de ellos y es mas fácil espantarlos con PANDEMIAAAAAAA.

Piensen bien mediten bien este asunto, infórmense.