EL FINAL DEL NARCOTRÁFICO (EL FINAL DE LA ADICCIÓN)
William S. Burroughs, escritor estadounidense -padre de la generación beat- descubrió que sí existía el final del túnel para la terrible adicción a las drogas, hace 50 años. El testimonio del infierno recorrido y el hallazgo de la luz de salida, la publicó en su libro “Naked Lunch” (‘El almuerzo desnudo’).
La primera edición de este libro monumental se realizó en 1959. A 5 décadas del suceso, tenemos más que nunca motivos para celebrarlo. Después de largos 50 años, de una completa ausencia de voluntad política para ayudar a solucionar el problema de la adicción, recordamos aquí, con este breve fragmento de las primeras páginas del libro, que no es un sueño, que sí existe un final no sólo para la drogadicción, sino sobre todo y lo más importante, sí existe una solución para acabar con la violencia del narcotráfico que está destrozando el tejido social nacional, de esta forma tan acelerada y brutal.
.
México y los mexicanos merecemos recordar que esta joya de libro se escribió hace medio siglo. Un texto que es oro puro y que vale la pena leer. Es necesario apuntar que es un libro que destila crudeza, por la verdad que emana hasta intoxicar nuestros sentidos, y que nos impide, negarnos a abrir los ojos.
Sea esto, un humilde tributo a la memoria de William S. Burroughs, por su invaluable hallazgo, y porque trabajó para el futuro -como cualquier poeta genial- cuando se precia de serlo.
EL ALMUERZO DESNUDO
“Desperté de la Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno, cuerdo en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado algo resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tiene todos los que sobreviven a la Enfermedad… La mayoría de esos supervivientes no recuerdan su delirio con detalle. Al parecer, yo tomé notas detalladas sobre la Enfermedad y el delirio. No tengo un recuerdo preciso de haber escrito las notas publicadas ahora con el título de EL ALMUERZO DESNUDO. El título fue sugerido por Jack Kerouac. Hasta mi reciente recuperación no comprendí lo que significaba exactamente lo que dicen sus palabras: ALMUERZO DESNUDO: un instante helado en el que todos ven lo que hay en la punta de sus tenedores.
La Enfermedad es la adicción a la droga y yo fui adicto durante quince años. Cuando digo adicto quiero decir adicto a la droga (término genérico para el opio y/o sus derivados, incluyendo todos sus sintéticos, del demerol al palfium). He consumido la droga bajo muchas formas: morfina, heroína, dilaudid, eucodal, pantopón, dicodid, diosane, opio, demerol, dolofina, palfium. La he fumado, comido, aspirado, inyectado en vena-piel-músculo, introducido en supositorios rectales. La aguja no es importante. Tanto da que la aspires, la fumes o la comas, el resultado es el mismo: adicción.
Cuando hablo de adicción a la droga no me refiero al kif, la marihuana o cualquier preparado de hachís, mescalina, hongos sagrados, ni a ninguna ‘droga’ del grupo de los alucinógenos. No hay prueba de que el uso de algún alucinógeno produzca dependencia física. La acción de esas sustancias es fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre las dos clases de drogas.
He visto el modo exacto en que actúa el virus de la droga a lo largo de quince años de adicción. La pirámide de la droga: cada nivel devora al de abajo (no es casualidad que los de arriba sean siempre gordos y los adictos de la calle siempre flacos) hasta el punto más alto, o los puntos más altos; porque hay muchas pirámides de la droga alimentándose de la gente del mundo y toda construidas sobre los principios básicos del monopolio.
El traficante siempre lo recupera todo. El adicto necesita más y más droga para conservar forma humana… para espantar al Mono.
La droga es un molde de monopolio y posesión. El adicto aguanta mientras sus piernas drogadas le lleven directo a recaer sobre el rayo de la droga. La droga es cuantitativa y mensurable con gran precisión. Cuanta más droga consumas menos tienes y cuanta más tengas más usas.
Todos los que utilizan alucinógenos los consideran sagrados –hay cultos al peyote, al hachís y los hongos (‘Los hongos sagrados de México permiten al hombre ver a Dios’) pero nunca nadie ha sugerido siquiera que otra droga sea sagrada. No hay cultos del opio. El opio es profano y cuantitativo como el dinero.
La droga es el producto ideal…la mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan. El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente. Paga a sus empleados en droga.
La droga produce una fórmula básica de virus ‘malignos’ . El álgebra de la necesidad. El rostro del ‘mal’ es siempre el rostro de la necesidad total. El drogadicto es una persona con una necesidad absoluta de droga. A partir de cierta frecuencia, la necesidad no conoce límite ni control alguno. Con palabras de necesidad total: ‘¿Estás dispuesto?’ Sí, lo estás. Estas dispuesto a mentir, engañar, denunciar a tus amigos, robar, hacer lo que sea para satisfacer esa necesidad total. Porque están en un estado de enfermedad total, de posesión total, imposibilitado para hacer cualquiera otra cosa. Los drogadictos son enfermos que no pueden actuar más que como actúan. Un perro rabioso no puede sino morder. Adoptar una actitud puritana no conduce a nada, salvo que se pretenda mantener el virus en funcionamiento. Y la droga es una gran industria.
Si se quiere alterar o anular una pirámide de números en relación serial, se altera o se elimina el número base. Si queremos aniquilar la pirámide de la droga, tenemos que empezar por la base de la pirámide: el adicto a la calle. Y dejarnos de quijotescos ataques a los llamados ‘de arriba’, que son todos reemplazables de inmediato. El adicto a la calle que necesita la droga para vivir es el único factor insustituible en la ecuación de la droga. Cuando no haya adictos que compren droga, no habrá tráfico. Pero mientras exista necesidad de droga, habrá alguien que la proporcione.
DESPUÉS DEL INFIERNO… LA APOMORFINA
Los adictos pueden ser curados o puestos en cuarenta (es decir, que se les adjudica una ración de morfina, bajo una mínima vigilancia, como a los afectados por el tifus) Si se llega a hacer esto, las pirámides del mundo se derrumbarán. El único país que aplica este método al problema de la droga es, por lo que yo sé, Inglaterra. Hay unos quinientos adictos censados en el Reino Unido. En la próxima generación, cuando los adictos actualmente en cuarentena mueran y se descubran analgésicos que actúen sobre una base no opiácea, el virus de la droga será como la viruela, un capítulo cerrado, una curiosidad médica.
La vacuna que puede relegar el virus de la droga a un pasado sin futuro existe ya. Esa vacuna es el tratamiento de apomorfina descubierto por un médico inglés cuyo nombre debo ocultar hasta que me autorice a usarlo y a citar pasajes de su libro, que cubre treinta años de tratamiento de alcohólicos y adictos, con apomorfina.
La apomorfina es un compuesto que se forma al hervir morfina y ácido clorhídrico. Se descubrió años antes de ser utilizado para tratar a los adictos. Durante muchos años, la apomorfina, que no tiene propiedades narcóticas ni analgésicas, se aplicó únicamente como emético, para provocar vómitos en casos de envenenamiento. Actúa directamente sobre el centro de vómito, en el cerebro posterior.
Encontré esta vacuna al final del trayecto de la droga. Estaba viviendo en una habitación del barrio moro de Tánger. Hacía un año que no me bañaba ni me cambiaba de ropa, ni me la quitaba más que para meterme una aguja cada hora en aquella carne fibrosa, como madera gris, de la adicción terminal. Nunca limpié ni quité el polvo de la habitación. Las cajas de ampollas y basura llegaban hasta el techo. Luz y agua cortadas desde hacía mucho tiempo por falta de pago. No hacía absolutamente nada. Podía pasarme ocho horas mirándome la punta del zapato. Sólo me ponía en movimiento cuando se vaciaba el reloj de arena corporal de la droga. Si venía a visitarme algún amigo –y rara vez lo hacían, puesto que quedaba poco que visitar de mí- seguía allí sin importarme que hubiese entrado en mi campo visual –una pantalla gris cada vez más confusa y más débil- ni cuando fuese a salir de él., Si aquel amigo se hubiese muerto en el sitio, yo hubiera seguido allí sentado mirándome el zapato y esperando para revisarle los bolsillos. ¿Tú no? Porque nunca tenía droga suficiente, nadie la tiene nunca. Dos gramos de morfina al día y seguía sin ser suficiente. En el negocio de la droga la demora es norma. El hombre nunca llega a la hora. Y no por casualidad. No hay casualidades en el mundo de la droga. Al adicto se le enseña con precisión una y otra vez lo que sucederá si no consigue comprar su ración. Junta el dinero o ya sabes. Y de repente mi hábito empezó a crecer y crecer. Tres, cuatro gramos al día. Y seguía sin bastarme. Y no podía pagar.
Allí estaba, con mi último cheque en la mano, y me di cuenta que era mi último cheque. Tomé el primer avión a Londres.
LA ESCAPATORIA TIENE NOMBRE: APOMORFINA
En Londres, el médico me explicó que la apomorfina actúa sobre el cerebro posterior para regular el metabolismo y normalizar el flujo sanguíneo de modo que el sistema enzimático de la adicción se destruye en un periodo de cuatro o cinco días. Una vez regulado el cerebro se retira la apomorfina y sólo vuelve a usarse si hay recaída. (Nadie toma apomorfina por placer. No hay ni un caso registrado de adicción ala apomorfina.)
Acepté someterme al tratamiento e ingresé en una clínica. Las primeras veinticuatro horas estuve literalmente loco y paranoico, como les pasa a muchos adictos con fuerte carencia. Veinticuatro horas de tratamiento intensivo de apomorfina dispararon el delirio. Me habían puesto pequeñas cantidades de morfina que no bastaban para explicar la ausencia de síntomas de carencia más severos, por ejemplo, calambres en piernas y estómago, fiebre y mi propio síntoma particular y personal, la quemadura fría, una especie de urticaria frotada con mentol por todo el cuerpo. Cada adicto tiene un síntoma particular y personal que escapa a todo control.
Faltaba un factor en la ecuación de la carencia, ese factor no podía ser más que la apomorfina. Vi que el tratamiento de apomorfina funcionaba de verdad.
A los ocho días abandoné la clínica y comía y dormía normalmente. Permanecí dos años sin drogarme, un verdadero record desde hacía doce años. Recaí durante unos meseS, a consecuencia de4l dolor de una enfermedad. Sin embargo, otra cura de apomorfina me ha mantenido alejado de la droga hasta el momento en que escribo.
La cura de apomorfina es cualitativamente distinta de otros métodos de cura. Los he probado todos. Reducción rápida; reducción lenta; cortisona; antihistamínicos; tranquilizantes; curas de sueño; tolserol; reserpina. Ninguna de esas curas superó la primera oportunidad de reincidir.
Puedo asegurar que nunca me curé metabólicamente hasta haber realizado la cura de la apomorfina. La realidad es que este tratamiento ha sido muy poco estudiado. No se han hecho investigaciones con variantes de la fórmula de la apomorfina ni con sintéticos. No hay duda de que podrían obtenerse sustancias cincuenta veces más potentes que la apomorfina y eliminarse el efecto secundario del vómito.
La apomorfina es un regulador metabólico y psíquico que puede suspenderse en cuanto ha cumplido su misión. El mundo está inundado de tranquilizantes y estimulantes, sin embargo, no se presta atención a este regulador único. Ninguno de los grandes laboratorios farmacéuticos ha investigado sobre él. Considero que el estudio de la síntesis de la apomorfina y de sus variantes abrirá las fronteras más allá del problema de la adicción.
AYER Y HOY, LA MISMA OPOSICIÓN
La vacuna de la viruela se encontró en su tiempo con la vociferante oposición de un grupo de lunáticos antivacunas. No hay duda de que si el virus de la droga se contrarresta, habrá un clamor de protesta lanzado por individuos interesados o desequilibrados. La droga es un negocio grande; siempre hay maníacos y especuladores.
No se les debe permitir que interfieran la labor esencial de aplicar el tratamiento de inoculación y cuarentena. El virus de la droga es el principal problema de salud pública en el mundo de hoy.”
WILLIAM S. BURROUGHS
El texto de William S. Burroughs, a 50 años de haber escrito con impecable precisión y prosa poética su experiencia en el mundo de las drogas, está más vigente que nunca.
Y efectivamente, el virus de la droga es el principal problema de salud pública en el mundo de hoy… pero lo más grave es que representa también, la fractura que compromete como nunca, la integridad del tejido social de México.
Es esa la razón que nos impulsa a colocar esta breve descarga eléctrica sobre las fibras nerviosas del corazón(es) y el cerebro (s) del tráfico de narcóticos.
México ha sido y seguirá siendo más grande que sus problemas, y muchos habremos de alzar la voz.
Sobre todo, cuando tales asuntos ponen en riesgo total la institucionalidad y gobernabilidad del Estado mexicano.
Por México. Que nuestras voces no se pierdan, que nuestras lenguas no se extingan. Nuestro canto no será silenciado nunca.